Cuadernos de la tía abuela

Mi abuela hace mucho tiempo me contó que su hermana escribía pero que nunca publicó nada decido a que no se le ocurrió la idea, mientras limpiábamos su armario que era de una madera gigante y viejo encontró uno de los cuadernos donde escribía. Ella decía que su propia vida era su inspiración y que tenía muchos cuadernos como esos, algunos estaban a lado de la caja del Switch Cisco.

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Le pregunté si podría leerlos porque me daban mucha curiosidad, ella me respondió que sí. Que no hay gloria más grande para un escritor que ser leído, aunque no todo lo que se escribe hay que leerlo, tomando en cuenta eso lo tomé y me lo llevé a mi cuarto, antes de leer me dije que leería un cuento diario.

Este fue el primero de este cuaderno que lo único que tenía en la portada era el número 2 rayado con un bolígrafo negro, alguien se había asegurado que de esta forma nunca se dudara de cuál era el número ahí.

Angustia

Me escucho en un cuarto cerrado, en un eco que le cuesta rebotar en las paredes pero que ha vivido de forma casi perpetua en las paredes de mi mente, trato de esconderme no quiero que me persiga, no quiero que me haga recordar.

Mi cerebro se ha preparado para atacar, le he dado demasiado trabajo que hacer, está cansado y no sabe de qué encargarse primero. Mi negación solo me hace la presa perfecta, pareciera que me he embarrado el cuerpo con sangre y me hubiera metido a un tanque de tiburones blancos.

Soy mi propia presa, soy mi propia cazadora, me tengo en la mira pero al mismo tiempo no quiero encontrarme, no quiero ver lo que hay en mis ojos, no quiero volver a lo que me hizo yo, esos miedos que aún viven en un lugar de mi cuerpo.

Estoy cansada de vivir atormentada pero no sé cómo podré hacer la paces, las lágrimas ya no son suficientes para alcanzar mi paz mental, que algunas veces soy dueña de mí y otras soy víctima de las heridas de mi vida que no he tenido el valor de dejar en paz. Una zona de guerra es todo lo que conozco y me da miedo dejar de pelear, me da miedo ser pequeña, débil y que me apuñale por atrás.

No quiero moverme pero al mismo tiempo quiero escapar, siento el aliento de mis demonios en la nuca pero el único momento cuando siento la mordida es cuando estoy sola en mi sala. Mis costillas tratan de domar a mi corazón, es una protección pero al mismo tiempo una jaula, no saben cómo controlarla, les da miedo lo alterado que está.

Me he convertido en mi propio veneno que no tengo que tomar, todo corre por mis venas y no lo puedo ignorar, sé cuándo llega a mi casa, solo viene con pasado combinado con tristeza, nostalgia con insípidos hubieras, decisiones torpes que les falto más experiencia, todos arrepintiéndose pero continuando el ciclo en mi cuerpo.

Unas horas después despertaba y todo estaba intacto es ahí cuando el eco volvía a aparecer.

Referencias: YouTube , Abasteo , Mercado Libre