La Boda

Era el día de la boda de mi prima, vivo en una comunidad pequeña así que las bodas son el evento del año  y se convierten en una competencia feroz entre familias para mostrar y presumir lo que tienen, el despliegue de nivel económico es impresionante.

Ya estábamos en el jardín gigante con las sillas puestas, las lonas blancas, las flores que decoraban las paredes y no encontraban al cura, el único cura del pueblo. Mi prima estaba desesperada pensando que era una señal de que no debía casarse, de que Dios le había dado la evidencia más grande.

Todas sus damas de honor trataban de calmarla en la habitación, la abrazaban y algunas les hacían los comentarios más machistas posibles como “Piensa que va a ser de Josué sin tú comida” o “Casarse es la ceremonia pero espiritualmente ya están casados” algunos segundos se notaba que las palabras la tranquilizaban pero otras solo provocaban que las lágrimas se asomaran por sus ojos.

No sabíamos cómo estaban en el cuarto del novio y aunque nos daba curiosidad ninguna quería ir para allá. Salí a ver si mis papás sabían algo al respecto, mi padre estaba muy serio, más de lo usual pero supuse que estaba aburrido o que simplemente este hecho de no encontrar al cura era más común de lo que recordábamos.

Mis tías estaban de un lado a otro, desesperadas pues no sabían a quien más llamar, esa ceremonia tenía que concluirse ese mismo día, sin falta. Además les preocupaba que mi prima fuera arruinar su maquillaje con tanta lágrima, las prioridades cambian muchísimo dependiendo la situación.

Los otros invitados se estaban desesperando y con mucha razón ya había pasado casi una hora y no se había arreglado el inconveniente. Algunos dijeron que efectivamente era mal augurio o que les habían hecho el mal del ojo, que debían de cancelar la boda lo más pronto posible. Eso combinado con el hambre no ayudaba, hubo gente que fue por botana por mientras como si fuera una película y ellos espectadores.

El ambiente se cortó con un grito, todos voltearon inmediatamente a de dónde venía el sonido. Del estacionamiento salió la señora Martita, temblorosa, nerviosa, al borde de un ataque de ansiedad, algunos fueron a auxiliarla mientras que le preguntaban sobre qué había pasado.

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Martita se limitó a señalar, algunos fueron a ver y se toparon con un montón de tarjetas de blindaje de autos que se habían caído de una cajuela pero el desperdicio de todo ese material no era lo que asustaba, era la sangre que manchaba esas cartas de presentación de cartón que pertenecía al cura.

La noticia le quitó el aliento a más de uno y como aquí la información va más rápido que la velocidad de la luz, bastaron unos minutos para que se supiera la terrible noticia. Pero lo que en verdad nos intrigaba era que al parecer la causa de muerte fue un golpe en la cabeza, significaba que la boda se había convertido en la escena del crimen.